Una estrella para Adolfo Marsillach

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En el último pleno de la Junta Municipal de Moncloa-Aravaca y por iniciativa del Grupo Municipal Popular de Moncloa se ha aprobado por unanimidad asignar una estrella en el “Paseo de la Fama de Madrid” al reconocido cineasta y vecino del barrio de Argüelles, Adolfo Marsillach (Barcelona; 1928 – Madrid; 2002).

El conocido “Paseo de la fama de Madrid” es un tramo de la calle Martín de los Heros, en el barrio de Argüelles, en el que se rinde homenaje a los actores y cineastas más destacados del cine español a nivel nacional e internacional. La iniciativa partió en 2011 de la Junta Municipal, siendo concejal del Distrito, nuestro presidente Álvaro Ballarín y se llevo a cabo en colaboración con la Fundación de la Academia Española de Cine. El proyecto “Paseo de la fama de Madrid” contempla en la actualidad 26 estrellas y pone en valor una zona muy importante de nuestro distrito en el que se configura una manzana del cine formada por las calles Martín de los Heros, Ventura Rodríguez y Princesa y la Plaza de España.

Adolfo Marsillach Soriano, nació en Barcelona en 1928 en el seno de una familia muy vinculada al teatro. Comenzó su carrera interpretativa compatibilizando sus estudios de Derecho, que concluyó en 1951. Debutó sobre las tablas en 1947 en el Teatro María Guerrero, con una obra de Antonio Buero Vallejo. Toda su vida estuvo muy vinculado profesional y personalmente al mundo del teatro, protagonizando y dirigiendo innumerables obras teatrales. Su implicación con el mundo de la escena le llevó a dirigir durante varios años el Teatro Español y fundar, posteriormente, el Centro Dramático Nacional en 1978 y la Compañía Nacional de Teatro Clásico en 1985. Además, fue director del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música entre 1989 y 1990. Como artista polifacético, se desempeñó también en la naciente televisión española, dirigiendo y protagonizando diversas series entre 1959 y 1982, con gran éxito de audiencia.

Aunque su medio original fue el teatro, su vinculación al cine no fue menos intensa. Participó como actor en más de 25 películas entre 1946 y 1991, que le valieron el reconocimiento de público y crítica y que se vio recompensado con numerosas nominaciones y premios, destacando el Premio al Mejor Actor del Festival de Cine de San Sebastian por su interpretación en “Salto a la Gloria” en 1959, el Fotograma de Plata como mejor intérprete de cine español por “091. Policía al habla” en 1969 o el Goya de la Academia de cine al Mejor Actor de reparto por su papel en la película Esquilache en 1989, además de otros reconocimientos, siendo el último el que le otorgó en 2001, un año antes de morir, la Unión de Actores como reconocimiento a toda una vida entregada al cine, la televisión y el teatro.

ADOLFO MARSICLLACH, por Conchita Martín

Me sorprendí, que siendo como fue un grande del teatro, la dirección y la interpretación; en suma de la cultura en mayúsculas; Adolfo Marsillach no tuviera ya una estrella como Dios manda. Los astros fueron seleccionados por la Academia de Cine, lo que evitó caer en la desastrosa costumbre de conceder a los amiguetes, un relumbrón más, para que adornen sus casas de Miami o de los Ángeles. Claro, que no evitó que cayera algún cejijunto entre ellos, vivísimo y de trayectoria no tan larga, pero eso sería otro debate; porque seamos sinceros, colocar a Penélope Cruz junto a Berlanga o Buñuel, chirría un tanto; pero concedámosles ese privilegio, ya que no pertenecen al mundo de la cultura, cultura como tal, lo hacen sobradamente en el mundo del cine.

Marsillach es otra cosa, muy diferente, Marsillach sí sabía quién era Platón, o Esquilache, y conocía las Novelas Ejemplares y cuantas versiones existían del Tenorio. La presentación de una proposición conlleva siempre una explicación demasiado extensa, y si esta trata de un personaje público y notorio, además se añade un panegírico de sus logros, cuanto más denso, mejor. Personalmente no tenía mucha idea que fuera licenciado en Derecho o que le concedieran premios en San Sebastián, La Unión de Actores, y que debutara en el Teatro María Guerrero (un emblema para los de mi generación).

Para mí, Marsillach era ese caballero bien vestido con gabardina y gorra inglesa que acudía cada cuatro años a votar a mi colegio electoral, El Portugal; discreto, seguro y educadísimo. Adolfo Marsillach para mi es el autor de “Yo me bajo en la próxima y usted?”, obra que no llegué a ver, debido a la insistencia de la gente en ponderar en exceso los grandes estrenos, mi madre me la relató de pe a pa; por eso nunca fui al teatro a verle a él y a Concha Velasco.

Marsillach fue el Sócrates del María Guerrero que yo vi junto a mi clase del colegio de quinto de bachiller. Fue una de aquellas excursiones que realizábamos en el tren, desde Ávila, capitaneadas por el profesor de Latín. Primero, mañana en el Prado y por la tarde al María Guerrero y de nuevo al tren para regresar tarde. Sócrates fue impactante, aún le recuerdo en mi cabeza, con sus discípulos, en un escenario desnudo, con túnicas blancas y unos dados o cubos, que movían de un lado a otro cada vez que cambiaba de escenario y de lugar. Era una obra “moderna” (es que yo soy de esa época, en que todo lo no tradicional se etiquetaba así: moderno).

“Maribel y la extraña familia”, le venía como anillo al dedo, con esa cara de provinciano que tenía. Marsillac para mí era el escritor de “Sesión Continua” o de Mariona Rebull; el director de “las arrecogías del beaterio de Santa María egipciaca”, de tantas obras de teatro clásico español; el mejor Ramón y Cajal de todos los tiempos, a más de uno le sirvió para saber quién era el que daba nombre al hospital, mal llamado “Piramidon”.

Adolfo Marsillach engloba esa generación de actores de teatro, de escritores, de conocedores de la intelectualidad, que engrandecían y garantizaban una obra de teatro, un Pirandello, Bertol Brecht o Alfonso Paso. Esa época en que el precio de una entrada andaba justificada en calidad y no ahora, que te ofrecen un clásico, atiborrado de gente que viene de la televisión o de las pasarelas, o simplemente del famoseo corrosivo y letal. No sé si mis compañeros de los diferentes grupos municipales tienen la misma idea que yo de Marsillach, pero todo el mundo estuvo de acuerdo en que merece una estrella en el triángulo del cine; me pregunto si conseguiremos que después de aprobado por unanimidad, la junta de Distrito la ponga finalmente. Apunto en mi agenda insistir en ello al año que viene, no vaya a ser que caiga en saco roto, como casi todas las proposiciones que se aprueban bondadosamente juntos.

Conchita Martín López es vocal vecina del Grupo Municipal Popular en la Junta Municipal de Moncloa-Aravaca

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